22 de julio de 2011

Aquellas lágrimas no eran derramadas por algún motivo cualquiera. Sus tristezas, sus derrotas, sus desilusiones eran tantas como cada poste de luz que se ve al pasar por una ciudad en una carretera de noche, eran tan infinitas como estrellas en el cielo... Aquellas lágrimas eran derramas en un día cualquiera, en un viaje cualquiera. 
Cuando subió a aquel bus, al poner aquella canción, al mirar por la ventana aquel paisaje, aquel camino, ella sentía como todo aquello vivido iba creciendo, tantos malos recuerdos guardados en los mas profundo de su alma sin poder salir, sin poder desahogarse. Tantas historias sin contar, tanto que decir, tantas cosas guardadas, que de un momento a otro comenzaban a salir en forma de lágrimas. Ella volvía perderse, volvía llorar como un bebe sin encontrar su manta, sin protección. Se sentía sola, muy sola, tanto así que en ese momento sentía que podía huir en los brazos de cualquiera, con tal de sentirse acompañada. Tenía miedos, tenia en su alma tanto guardado, que ya sin poder soportar mas, explotó, en forma de lágrimas, de sollozos incontenibles. Necesitaba un hombro para depositar en el sus miedos, sus lágrimas, sus historias, un refugio para pasar la tormenta, y al día siguiente, hacer como si nada (como siempre) y volver a empezar, como cada día, acumulando mas penas, y volviendo a algún día como ese... volviendo a llorar, a recordar, volviendo al desconsuelo y soledad rutinaria...

3 comentarios:

  1. Hoy me pasó exactamente eso, me siento muy identificada! :(

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  2. Lo que escribes es precioso, me gusta tu blog :)
    besos!

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Muchísimas gracias por visitarme, y por sobre todo darme una gran sonrisa! Que tengas un lindo día, y siempre serás bienvenido a este rincón de letras ♥